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Ellsworth Kelly

Newburgh, Nueva York, EEUU 1923 — Spencertown, Nueva York 2015

Ellsworth Kelly es uno de los pintores y escultores más emblemáticos del minimalismo, la corriente que llevaría la abstracción a las últimas consecuencias, a la representación de la nada, frente y en paralelo al pop art, la corriente que absorbía la herencia del mundo de la figuración a partir de la mirada pictórica a la magnificencia visual del siglo XX, con las artes gráficas, la publicidad y el cine. Kelly estudió arte en el Pratt Institute de Nueva York a principios de los cuarenta. La Segunda Guerra Mundial interrumpió su carrera artística: le llamaron a filas y fue uno de los soldados que participaron en el desembarco de Normandía. Cuando acabó la guerra, continuó los estudios de arte en Boston y en París. De regreso en los Estados Unidos, Kelly participó en la exposición titulada Hard-Edge (canto duro o perfil duro), presentada en el año 1958 en Nueva York, que se convertiría en programática del naciente minimalismo, y constituía una reacción al expresionismo abstracto, basado en el gesto y las calidades de la pintura como materia. El concepto del canto duro sería decisivo en este movimiento norteamericano nacido a finales de los años cincuenta y que viviría su apogeo en las décadas de los sesenta y setenta.

El minimalismo de Kelly se aparta de la geometría lírica de Mark Rothko, pero también de la de Barnett Newman o Ad Reinhardt, cuyas obras, aunque también pertenecen al hard-edge, presentan un aspecto más espiritual. Sus obras son planas y uniformes y no quieren significar nada, ni desde un punto de vista figurativo ni tampoco metafísico. Se basan en la relación pura que generan los colores, y a veces las formas, aunque el juego de la interacción es evidente. Tampoco quieren ser un estudio minucioso y científico, como sería el caso de Josef Albers, uno de los precedentes del minimalismo, más a nivel formal que estrictamente teórico.

La radicalidad de Kelly es implacable, pese a que en la contemplación acabe surgiendo un inevitable sentimiento de trascendencia, más por parte del espectador que por la propia voluntad del artista. El cuadro ha perdido cualquier idea de profundidad y de ilusión óptica para ser lo que es, pura y simplemente: una superficie pintada. La técnica de la serigrafía, absolutamente plana y de acabado industrial –a diferencia de la del grabado, el aguafuerte, el carborundo o el buril, y la litografía, en la que se hace evidente el proceso manual, tanto del autor como del estampador– sirve a la perfección a Kelly para seriar la pintura sin traicionarla lo más mínimo.

  • Ellsworth Kelly Yellow  2004
    Litografía
    122 × 92 cm
  • Ellsworth Kelly Blue Gray Green Red  2008
    Litografía
    122 × 330 cm